martes, 25 de marzo de 2008

Sinestesia

Aquella noche marchita olía a melancolía,
Y, yo, acompañado por el viejo polvo
De los libros y la llama de la chimenea,
Saboreaba el humo del tabaco seco,
Mientras pasaba página, soportando
Aquellos duros versos de Rimbaud.

La gramola lloraba sobre la sala
Cortinas de arpegios del jazz
Más negro de Nueva Orleáns;
Y, yo, con los ojos entelarañados,
Intentando comprender por qué
Le habían colocado bambalinas
Al mundo,
Me respondía a mis preguntas absurdas
Con algún gesto de indiferencia.

Y cuando, en medio de la noche morena,
La luna decidió saltar por mi ventana
Descubrí que el silencio puede ser ciego
Si no lo iluminan las palabras.
O alguna que otra sonrisa
Que desvele que algún pequeño sueño
se está a punto de cumplir.

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